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La pérdida de peso: ¿Cómo se regula el apetito?

Sin lugar a dudas, el control del apetito es el “Santo Grial” de quienes deciden bajar de peso, y también de muchas investigaciones farmacológicas. Todavía nadie ha gritado “Eureka”, ya que apenas hace poco tiempo comienzan a vislumbrarse los complejos mecanismos que lo regulan. Como veremos en otros artículos, la ingesta de nutrientes inicia una cascada de reacciones químicas en las cuales se produce calor, la energía aprovechable se usa para cumplir funciones vitales, reparar tejidos, sintetizar sustancias fundamentales para la vida, mantener la temperatura corporal y en las diferentes actividades que se llevan a cabo a lo largo del día y la noche, incluyendo las que ocurren durante el sueño. Lo que sobra se deposita en forma de glucógeno, y cuando sus posibilidades de reserva se saturan, también en forma de grasa. Si se cumplen las condiciones de equilibrio ideal, destinadas a mantener el peso, se ponen en marcha procesos reguladores que reducen el deseo de comer. Sin duda, es algo que debes que tener en cuenta si realmente quieres perder peso.

Si, por el contrario, disminuye el aporte calórico, y éste no es suficiente para cubrir las necesidades, o hay escasez de glucosa, combustible fundamental del tejido cerebral, se activan todos los mecanismos necesarios para suplir esas necesidades. Pero las reservas que se consumen no provienen solo de los depósitos de glucógeno o de los triglicéridos del tejido graso, sino que también son degradadas proteínas, muchas de las cuales cumplen funciones importantes en diferentes tejidos, y particularmente en el muscular. Esto exige una serie de respuestas defensivas destinadas a evitar situaciones que ocasionen restricción del aporte nutricional y que desde el punto de vista biológico representan un riesgo. Y una de estas respuestas es la estimulación del apetito.

El hipotálamo: El encargado de regular nuestro apetito

El centro de mando encargado de regular el apetito es el hipotálamo. El hipotálamo es una región de la base del cerebro, y forma parte del sistema límbico. El sistema límbico es una de las estructuras evolutivas primarias, que ya existe en los peces, y controla funciones básicas como emociones, sexualidad, memoria, etc. La especialidad del hipotálamo es el control del sistema nervioso autónomo (el que determina las actividades fisiológicas y no depende de la voluntad), del sistema endocrino, y la interrelación entre ambos. Puede pensar en él como una Gerencia General que tiene bajo su control las gerencias de las sucursales, en este caso, por un lado las que se encargarían de todas las funciones nerviosas vitales, y por el otro lado, de las endocrinas (hormonales). A esta estructura cerebral llega toda la información relacionada con ambas vertientes, se procesan los datos que se reciben, se toman las decisiones y se imparten las órdenes. Las funciones del hipotálamo se cumplen en forma rápida y automática, sin pasar por las estructuras neurológicas superiores como la corteza cerebral.

Nadie piensa: “estoy corriendo y mis órganos y tejidos necesitan más oxígeno, así que voy a aumentar mis pulsaciones”, o “me acabo de comer un caramelo, voy a
ordenar al páncreas que libere más insulina”. Suena absurdo ¿verdad? Estos son cambios de los que se encarga el hipotálamo sin que intervenga la voluntad, y tienen que ver con funciones vitales importantes que ocurren de forma automática sin que necesitemos preocuparnos por ello. Pero esto también significa que si su hipotálamo decide que debe aumentar su apetito, le tiene sin cuidado si su corteza cerebral quiere que usted adelgace o no.

Actores secundarios: El sistema Nervioso y el Parasimpático

De manera que el hipotálamo es el jefe cuando hablamos del control de funciones vitales que ocurren de forma automática. Sus órdenes sobre el sistema endocrinológico se imparten a través de sustancias que actúan como mensajeros, pero ¿cuál es el papel del sistema nervioso central, del cual forma parte el mismo hipotálamo, en toda esta historia? Para aclarar mejor este punto debo presentarle a dos personajes muy importantes en esta trama acerca del mantenimiento de las funciones orgánicas, y se trata del sistema nervioso simpático y el parasimpático, dos hermanos que como en la clásica historia del gemelo bueno y el malo, forman parte de una misma estructura fundamental, el sistema nervioso vegetativo, pero tienen funciones opuestas.

El sistema nervioso vegetativo es aquella parte del sistema nervioso central que se encarga de las funciones vitales y es ajeno a la voluntad, es decir, autónomo. Lo conforman estos dos “hermanos”: el sistema nervioso simpático es el reactivo, lo cual significa que estará encargado de estimular los órganos a su cargo: aumentar la frecuencia cardíaca, respiratoria, la tensión arterial, inhibir las funciones digestivas, y también es el que toma el control en situaciones de estrés. El sistema nervioso parasimpático en cambio, es el hermano tranquilo, el responsable de volver a la normalidad después de una situación estresante, de reducir la frecuencia cardíaca y respiratoria para recuperar los parámetros normales, y también interviene directamente en el control de la digestión, por lo que juega un papel muy importante en los mecanismos relacionados con el hambre y la saciedad.